cómo pedir perdón

Cómo pedir perdón: Una herramienta para disculparnos fácilmente

El perdón como herramienta de comunicación

¿Qué sientes cuando alguien te pide perdón? ¿Cuándo se exculpa asumiendo que ha cometido un error? ¿Cuándo incluso te anticipa y expresa honestamente su deseo de que algo irá mejor?

El perdón es un recurso, para nada supone situarte en un lugar inferior al otro, todo lo contrario.

En este artículo aprenderás cómo pedir perdón, conocerás como el perdón te ayuda a mejorar la calidad de tus relaciones personales y profesionales. Comprenderás los beneficios, conocerás los miedos que nos impiden pedir perdón,  identificarás tus estrategias de afrontamiento e incorporarás el perdón como una de ellas, y sobre todo, te llevarás una fórmula para pedir perdón de manera mucho más eficaz.

Continúa leyendo si quieres saber cómo sacarle provecho al perdón.

¿QUÉ SIGNIFICA PERDONAR?

Ante una situación negativa, donde reconocemos que las consecuencias son en parte “culpa nuestra”, podemos experimentar el arrepentimiento. Todo ello precede al acto, un  acto que nos habla de la capacidad de enmendar el error, cuya consciencia nos permite experimentar emociones positivas. Esto nos predispone al aprendizaje y nos hace poner en marcha conductas constructivas y eficaces las cuales terminan repercutiendo positivamente tanto en nosotros mismos, como en nuestro entorno.

Llegar a plantearnos el perdón supone que asumimos que las consecuencias negativas de una situación son en parte culpa nuestra.  Es cierto que hay situaciones donde asumimos culpas injustificadas, otras situaciones que aun habiendo sido protagonistas de las mismas no nos suscitan ningún tipo de remordimiento…

Para mucho de los sucesos que acontecen en nuestro día a día, los seres humanos elaboramos un procesamiento complejo evaluativo y en parte egocéntrico.

Por ello, una vez analizado el suceso desde el raciocinio, tendremos que plantearnos qué estrategia poner en marcha, dentro de las cuales, dependiendo de la situación, podría ser pedir perdón.

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¿QUÉ CONSIGO PIDIENDO PERDÓN? ¿ME SIRVE DE ALGO REALMENTE?

El perdón forma parte de los procesos que nos ayudan alcanzar la  madurez ya que nos permite percibir nuestros propios errores, sacar un aprendizaje de ellos y abrir una puerta al cambio y la mejora.

Este proceso nos ayuda a situarnos dentro del camino del crecimiento personal.

BENEFICIOS PARA MI

Cuando pedimos perdón nos invaden sentimientos de calma, de reconfort. Nuestra mente deja de ser presa de emociones y pensamientos negativos, en su mayoría intrusivos, que lo único que consiguen es entorpecer nuestro desempeño diario.

Cuando exteriorizamos  y comunicamos el perdón, inmediatamente nos invade la calma, entendida ésta como el estado de libertad respecto a alteraciones, problemas y turbaciones.

Nos encontramos serenos, sin nubes, sintiéndonos conformes con nosotros mismos. Alejamos al juez que tras haber realizado una “mala” conducta nos atormenta.

Se siembra la confianza, el optimismos y la positividad ante el porvenir.

Puede surgir el alivio, unido a un sentimiento pesado por enmendar el error. No tenemos que considerarlo negativo, pues es el que nos ayudará a elaborar conductas más pro-activas y constructivas.

Debemos entender este proceso como una oportunidad para mejorar, entendiendo también que el ser humano se equivoca, y que esos errores nos ayudan a crecer.

Entonces pedir perdón:

  • Ayuda a recobrar la calma
  • Logra que sentimientos y pensamientos negativos no se entrometan en otros desempeños ya sean profesionales o personales
  • Permite que desde el exterior se nos perciba como una persona atractiva, razonable y humilde
  • Facilita la elaboración de soluciones y planes futuros positivos
  • Precipita la adquisición de nuevos aprendizajes
  • Fomenta la autosatisfacción

BENEFICIOS PARA/CON MI ENTORNO

El simple hecho de verbalizar el perdón ya provoca un efecto positivo y tangible en el entorno.

¿Qué sientes cuando alguien acude a ti para pedirte perdón?  (Te invito a reflexionar sobre ello)

Sientes emociones positivas y anticipas situaciones favorables, comprendes y empatizas con la persona y con su situación.

Dependiendo de las situaciones que tengan que ser objeto del perdón, la persona necesitará más o menos tiempo para aceptar el perdón.  No siempre obtendremos  lo que deseamos tras pedir perdón, pero sí que estaremos más cerca de ese deseo, de que esa situación se solucione.  A mayor honestidad, mayor efecto tendrá el perdón.

Aun así, tendremos que asumir y aceptar que no siempre obtenemos lo que queremos.  Las herramientas de comunicación son eficaces, pero no dejan de ser aumentadoras de probabilidad.

Si hacemos algo, en nuestro caso, si pedimos perdón, lo que deseamos no siempre sucede tal cual esperábamos. Por eso tenemos que trabajar con las expectativas que proyectamos, intentando que éstas sean lo más realistas, ya que por el contrario, los sentimientos negativos que preceden al perdón se sustituirán por otro tipo de sentimientos, no menos negativos e intensos.

Lo que sí es seguro, es que si actuamos acorde al tipo de persona que queremos ser, acorde también a nuestros valores, estaremos más cerca de ese ideal de persona, y por tanto, mejor nos sentiremos.

Autores humanistas, como Carl Rogers decían que la persona es más feliz y se encuentra en un mejor estado de bienestar cuanto mayor congruencia y menor distancia haya entre el yo real (quien eres) y el yo ideal (quien te gustaría ser).

Entonces pedir perdón:

  • Permite denotar autoridad, pues podemos nombrar soluciones solventadas del pasado, de las cuales aprendimos
  • Facilita que se nos vea como personas con esperiencia
  • Proyecta una imagen e impresión segura y confiada, pues asumimos el error y dirigimos nuestra conducta hacia una meta y una mejora
  • Permite que se nos atribuya la capacidad de rectificar, la cual es vista como una fortaleza, donde precipita que se nos vincule inconscientemente con otros muchos atributos positivos.
  • Mejora la calidad de las relaciones interpersonales
  • Permite que otras personas nos comprendan y empaticen tanto con nuestra situación como con nuestra emociones.
  • Promueve la cooperación

Entender que son numerosas las consecuencias positivas que obtenemos del perdón. Un artículo de la Universidad Pontificia de Comillas en uno de sus artículos habla del perdón, entendido desde la psicología positiva  como una de las fortalezas humanas debido a sus efectos positivos sobre el bienestar y la felicidad humana.

Todos erramos, pero no todos asumimos ese error. La expresión de nuestros errores, la verbalización del perdón y la responsabilidad sobre actos futuros refuerzan la imagen positiva de otros hacia nosotros mismos, y logra también mejorar y objetivizar nuestro auto-concepto.

Quedarnos con la idea de que el perdón va de la mano del crecimiento y madurez personal, permitiéndonos el permiso de verlo como un recurso, que puede terminar siendo un aliado.

¿QUÉ HACES CUANDO EL PERDÓN NO TIENE LOS EFECTOS ESPERADOS?

Como dijimos antes, cuando pensamos en pedir perdón, deseamos que surja el efecto esperado, que en parte nos anima a elaborar ese perdón. Sin embargo, no siempre es así.

Una vez asumido el control y la responsabilidad respecto a una situación debemos elaborar tres procesos:

  1. Entender la situación y anticipar las emociones que puede sentir la persona/s a la que va dirigida el perdón. Para poder elaborar este primer proceso puedes describir la situación en tercera persona, así como las emociones de cada implicado en la escena.
  2. Reflexionar sobre lo mínimo que te gustaría que sucediese. Por ejemplo, a nivel interno desligarme verbalmente de esa culpa, y nivel externo expresarla.
  3. Anticipar que sería lo peor que podría pasar y “planear” que podrías hacer para gestionarlo.
  4. Dejar un espacio para reacciones u otros acontecimientos no controlables e impredecibles.

¿POR QUÉ NOS DA MIEDO PEDIR PERDÓN?

El perdón y el agradecimiento se pueden llegar a parecer, ya que ambos “parecen” situarnos en un lugar inferior respecto a otros. Esto puede llegar a repercutir negativamente en nuestro ego. 

Según la autora Melanie Klein cuando agradecemos algo “Nos encontramos en deuda con el otro”. Pues asumimos que esa persona ha hecho algo por nosotros, y que por lo tanto, nosotros tenemos que cumplir y actuar acorde al otro.

Con el perdón sucede algo similar. Pedir perdón significa asumir que hemos cometido un error.  La antesala del perdón es el arrepentimiento, y esta emoción está relacionada con la evaluación negativa de uno mismo. También nos hace sentir “en deuda”.

Dentro de la evaluación negativa de uno mismo, se agrupan emociones despertadas por esa conciencia más crítica y evaluativa. Se lleva a cabo un proceso donde se contrastan los actos y resultados con las expectativas que nosotros mismos elaboramos.  Además se une la exigencia o el deber, a lo que se suma un juicio social. Todo ello desemboca en un resultado negativo producto de la mera comparación respecto a cómo tienen o deben ser las cosas.

Tenemos la posibilidad (saludable) de entender el arrepentimiento, de aceptarlo, logrando transformarlo en un “lo siento”. Todo este proceso predispone al cambio, gracias al cual incluso anticipamos expectativas positivas frente a nosotros mismos.

Podríamos decir que la ira, la frustración, la decepción, la rabia, la preocupación y otros muchos sentimientos son  la antesala del perdón.Este bagaje de sentimientos que confluyen unos con otros nos hacen perder y creer que no tenemos el control sobre nuestro cuerpo, sobre las señales que este manda, y sobre nuestro entorno.

Perdemos las riendas del carruaje de nuestra mente y de nuestro cuerpo.  Colaboramos en que nos invada el sufrimiento tanto hacia dentro como hacia fuera.

En cambio, cuando somos consiente de esos sentimientos, prestándoles atención, empezamos a tener más control, planteándonos y visualizando miles de soluciones, entre las cuales, nosotros incluimos “pedir perdón”.

Para situaciones que puedan ser generadoras de sentimientos nombrados en párrafos anteriores, y trayendo la filosofía propia del Budismo a estas líneas, el perdón puede significar la habilidad de renunciar a la ira y al resentimiento, sin guardar rencor o heridas, viviendo en el presente, sin distracciones basadas en memorias del pasado ni proyecciones al futuro.

Por tanto, podemos entender el perdón, no tanto como un enemigo sino, como un aliado, ya que puede servirnos de estrategia de afrontamiento, gracias a la cual ganamos control, cogemos las riendas y comenzamos a ser protagonistas y directores tanto de nuestros actos como de nuestros sentimientos.

EL PERDÓN COMO ESTRATEGIA DE AFRONTAMIENTO

El afrontamiento se basa en el conjunto de estrategias que utilizamos para hacer frente a situaciones que nos acontecen, que nos desrregulan.

No significa que el problema se solucione. Por tanto afrontamiento no significa la solución de problemas.

Según Lazarus la situación no es lo desbordante, sino el cómo la persona utiliza sus recursos para afrontarla.  Los recursos como tal no se tienen, sino que se creen que se tienen. Esos recursos resultan de mayor valía en función de la calidad de los mismos, evaluándola como óptima y eficaz.

Lazarus y Folck hablan de lo que hacemos de forma consciente, reuniendo 8 estrategias.  Hemos querido traerlas a este artículo para que puedas identificar cuál es tu estrategia de afrontamiento y para que conozcas otras formas que puedan servirte.

  • Confrontación: Supone un estilo activo donde interviene un comportamiento.
  • Distanciamiento: Supone un estilo de evitación donde la estrategia es pensar y reflexionar.
  • Auto-control: Basado en un estilo pasivo, donde se intenta poner el foco de atención en el control emocional.
  • Apoyo social: Tipo de estilo activo, poniendo en marcha un comportamiento destinado a calmar las emociones con ayuda de otros.
  • Aceptación responsable: Tipo de estilo activo, promoviéndose la autonomía y aceptación desde un afrontamiento cognitivo.
  • Huida: Tipo de  estilo evitativo, donde se ponen en marcha comportamientos con el foco de atención en las emociones. La persona se aleja activamente y no se involucra en el conflicto.
  • Planificación: Estilo activo donde la estrategia es buscar la solución a través del análisis racional.
  • Reevaluación positiva: Supone un estilo activo donde se promueve la creatividad utilizando una estrategia cognitiva.

Según estilo de afrontamiento: 

  • Activo
  • Pasivo
  • Evitativo.

Según foco de atención:

  • Situación: Promoviéndose el análisis y comprensión de lo que está sucediendo.
  • Tarea – Solución: Se busca una manera de solventar el problema.
  • Emoción: La atención se centra en la emoción que se está experimentando sin poder cambiarla.

Según la actividad central:

  • Actividad: Qué hago…
  • Cognición: Piensas, analizas, ordenas…

El perdón se incluiría dentro de las estrategias de estilo activo, que permite y ayuda a poner el foco de atención en la situación pues se promueve el análisis y comprensión de lo que está sucediendo. Se pone el foco también en las soluciones, buscando la forma de solventar el problema o conflicto generado.  De igual forma el perdón se puede entender como una actividad comportamental, pues ponemos en marcha una verbalización y una actitud referente a la situación.

Para nosotros el perdón es una estrategia saludable de afrontamiento, tanto a nivel interno como externo, pues tiene tintes de confrontación, de aceptación responsable y de planificación.

 

CÓMO PEDIR PERDÓN: HERRAMIENTA PARA PEDIR PERDÓN DE MANERA EFICAZ

Te voy a poner un ejemplo para que te sea más sencillo entender la fórmula.

La situación es: Pedir perdón por solicitar de forma agresiva y poco comprensiva un favor a una compañera de trabajo, la cual había estado enferma por la mañana.

PRIMERO: EVALUAR Y ENTENDER LA SITUACIÓN

Considerar los precipitantes ajenos a la situación que han podido repercutir en mi actoMe condicionó el estrés del ambiente, que había gente delante, que iba además en un coche conduciendo.

Precipitantes internos donde identificamos las casas de porqué hemos actuado asíEl orgullo, mi estrés, que tenía que solucionar un problema, que además tenía sesión en 10 minutos. A lo sumo, la historia conjunta de que hay mucha confianza y que supongo que sabrá mis intenciones, donde pienso que al conocerlas no se sentirá mal. 

SEGUNDO: ASUMIR LA RESPONSABILIDAD

En base a la información anterior, reconozco que he actuado mal, apoyándome en los precipitantes externos e internos.

Asumimos la responsabilidad reflexionando sobre cómo hubiese sido ideal que actuase en dicha situación:

Ya que Laura se había quedado en casa porque se había levantado con el estómago revuelto, preguntarle primero cómo se encontraba, y preguntarle asertivamente si no le importaría dar la sesión, pidiéndoselo por favor y agradeciéndoselo después.

TERCERO: ENCONTRAR LAS BARRERAS DEL OTRO POR LAS QUE PODRÍA NO PERDONARNOS

Se ha sentido infravalorada y poco respetada respecto a sus necesidades.

CUARTO: VERBALIZAR EL PERDÓN Y NOMBRARLE CÓMO TE HUBIESE GUSTADO ACTUAR, ANTICIPÁNDOTE ADEMÁS A SUS BARRERAS.

Laura me gustaría pedirte perdón por cómo te he hablado antes, creo que no he respetado cómo te sentías. Además me he podido pasar con el humor, pudiendo llegar a infravalorar tus necesidades.  Me hubiese gustado preguntarte que tal te encontrabas y pedirte como un favor, que dieras tú la sesión y agradecértelo después.

QUINTO: GENERAR EXPECTATIVAS POSITIVAS SOBRE SITUACIONES FUTURAS PARECIDAS

Intentaré que no pase la próxima vez, ya que en realidad valoro y aprecio tu compromiso y cómo me ayudas a resolver los diferentes obstáculos del día a día. Y espero que siga siendo así, pues somos un equipo y me encanta lo que somos.

SEXTO Y ÚLTIMO PASO: PEDIR AYUDA PARA SOBRELLEVAR LA SITUACIÓN PREGUNTÁNDOLE COMO ENMENDAR EL ERROR

Si necesitas algo para perdonarme pídemelo.

INTELIGENCIA EMOCIONAL PARA COMPRENDERTE MEJOR

Las siguientes emociones, a pesar de la carga negativa de su definición, precipitan la elaboración de reacciones positivas por parte de la persona que las está experimentando.

Conocerlas nos ayudan a comprendernos mejor, acercándonos a un estado más de calma, donde además nos ayudan a poder identificar el perdón como una estrategia de afrontamiento ante diferentes situaciones.

Además, conociendo este tipo de sentimientos, podrás comunicarte de manera más eficaz.

  • Responsabilidad: Necesidad de responder de nuestros actos y consecuencias, dando la cara por ellos ( “a lo hecho pecho”) reparando la falta o daños ocasionados o cumpliendo con los deberes y compromisos.
  • Pesar: Malestar derivado de la acción, estado normalizador y natural, el cual habría que aceptar.
  • Remordimiento: Inquietud y guerra interior. Ansiedad que se tiene de separar lo ya irreparable y pasado
  • Arrepentimiento: Pesar unido al deseo de reparación, más propósito de no reincidir.
  • Lamento por equivocación: Dicha sensación es experimentada cuando la culpa es traducida al error.

La palabra y acción de perdonar tiene su origen en “per-donare”, que significa dar como regalo gratuitamente el perdón, renunciando al derecho a que se nos brinde un resarcimiento. Supone no guardar resentimiento ni responder con reciprocidad cuando se recibe un agravo.

Alcanzamos la amnistía cuando se une el perdón más el olvido del daño.

Termino recopilando unas conclusiones de una profesora, Teresa Sánchez, quien tuve el orgullo de tener como profesora, que a su vez recoge palabras de Ignacio Morgado.

El equilibrio emocional “no consiste tanto en victorias o imposiciones racionales, ni en la represión o el control de las propias emociones, como en el encaje o acoplamiento entre nuestras emociones y nuestro razonamiento, o sea, en un equilibrio entre diferentes procesos mentales”.

Las emociones sociales son útiles porque trasmiten un sentimiento de fiabilidad a los otros. La culpabilidad lleva a los otros a suponer que si cometemos una acción reprobable, la repudiamos y compensaremos, por lo que merecemos la confianza en posibles tareas futuras de cooperación.

El perdón es un acto que repercute en los sentimientos relacionados con la evaluación de uno mismo.  Y también, el perdón, es un acto hacia otros.  La mirada del otro sobre uno mismo es algo necesario, a la vez que aterrador. También es una expresión de comunicación y contacto, también de dominio.

Para pedir perdón, es necesario antes hacer un trabajo con nuestras propias emociones.

Hay una gran discrepancia en los beneficios de perdonar. Pues puede ser un factor que predispone a la victmización y a caer en tendencias de sumisión.

Por ello, nosotros, alejándonos de las discrepancias sobre los beneficios, queremos hablar del perdón, entendiéndolo como una forma de facilitar la relación de calidad interpersonal.

Cuando somos consciente de un fallo respecto a una situación o a otra persona sería idóneo desarrollar la capacidad de pedir perdón, asumiendo el error y redirigiendo el foco en el cambio positivo, en las mejorías.

Todo ello como precursor de una relación de calidad con tu entorno, y precursor también del crecimiento personal.

El perdón es un elemento por el cual te responsabilizas de tus propias acciones. Dicha acción supone asumir la controlabilidad de determinados factores externos e internos.

Ese control está estrechamente relacionado con el bienestar. La atribución interna de control predispone la experimentación de estados emocionales positivos.

Ser capaces de pedir perdón nos hace más fuertes.

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